Noah pasaba las noches con su papá. Su mamá se iba a trabajar cuando a ella le tocaba cenar. Era relaciones públicas, como los colegios públicos, los jardines públicos o como el público que había ido a ver a aquel mago que estornudaba margaritas. Sería alérgico.
Todas las tardes, su mamá se calzaba los tacones y sacaba el estuche de maquillaje. Automáticamente, encendía la radio y empezaba a maquillarse. A Noah le encantaban todos aquellos colores brillantes. De mayor quería ser inventora de nuevos colores para rotuladores. Quería pintar con aquellos tonos. Un día lo hizo. Si miras fijamente la pared del recibidor, todavía se asoman sombras.
Sin pensárselo dos veces, se pegaba a su mamá y la miraba a través del espejo.
Cuando mamá ya le había dado el beso de despedida, y papá empezaba a llamarla para cenar, Noah corría hacia el cuarto de baño, se subía a la tapa del retrete y se miraba en el espejo. Todos los brillos que no habían querido quedarse en la cara de su mamá, habían llegado a la suya. Ya había vuelto a pasar. Se había convertido otra vez en hada. Ahora sólo quedaba esperar a que papá se durmiera y salir a llenarle la boca al mago de margaritas.
Profundizando en el relleno.
Hace 14 años

Mi madre pintaba las paredes de casa cada año cuando yo era un enano pq le llenaba todo de dibujos :P Muy bonito!
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