Marco miró el buzón, sin ni siquiera saber cuál era el nombre que recibía aquel objeto enorme y amarillo que le hacía desplazarse a la izquierda en su camino hacia el colegio. Había visto a demasiadas personas depositar sobres de todos los colores y tamaños por aquella ranura. Se puso de puntillas y miró a través de la misma. Oscuridad.
A su hermana mayor, Sofía, a la que le encantaban las salchichas con tomate, le apasionaba la oscuridad. Cuando su hermano le preguntó sobre aquel enorme objeto amarillo, la niña dejó a un lado su cuaderno de pegatinas y se le acercó al oído. No todo el mundo podía acceder a tal valiosa información.
"Cuando alguien mete una carta en el buzón (se llama así porque los buzos los fines de semana van a limpiarlo al mar), ésta llega a un lugar del subsuelo en el que se reune con muchas más cartas. Allí, hay un grupo de mamás que se dedican a alegrar los mensajes de dichas cartas cuidadosamente. Eliminan los mensajes tristes y los sustituyen por buenas noticias. Alguien me contó que dos amigas que se echaban de menos, recibieron una gran noticia después de que una de ellas le mandase a la otra una postal de su último viaje..."
Marco miraba fijamente a su hermana. De repente, se levantó y fue a su cuarto a coger lápices y folios de colores. Quería que su hermana le enseñase a escribir.
Profundizando en el relleno.
Hace 14 años

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